Packaging sostenible

8 May, 2012 by     2 Comentarios    Publicado en: Sostenibilidad
Packaging sostenible

Hablamos de pakaging o embalaje cuando nos referimos al recipiente o envoltorio de los productos. Las funciones básicas del embalaje son proteger el contenido, facilitar la manipulación, describir las características del producto y, por supuesto, mejorar la imagen de marca.

Un inconveniente grave es que genera una gran cantidad de basura. Parece ser que a los seres humanos nos ha dado por pensar que el embalaje no sirve, que es basura, y el problema se agrava cuando de las simples cajas de cartón empleadas para almacenar los tubos de pasta de dientes, pasan a ser cajas de pequeños o grandes electrodomésticos que protegen nuestra compra con poliestireno, polieuretano u otros materiales plásticos. Casi todo lo que compramos está en una caja o en una botella, incluso la fruta, que como producto funciona por si sola, la transportamos en bolsas de plástico, en bandejas o en mallas.

En 2008, un grupo de estudiantes de la Universidad de Yale, encontraron un hongo endofito que era capaz de degradar el plástico. Varias especies de hongos pueden descomponer plástico parcialmente, pero solo el Pestalotiopsis puede hacerlo sin presencia de oxígeno. La importancia de este descubrimiento está en los vertederos, plagados de plásticos que nuestros nietos no llegarán a verlos descomponer. Pero no nos llevemos a engaño, señores. El hecho de que los plásticos puedan llegar a biodegradarse, no convierte al petróleo en un recurso ilimitado y ni mucho menos ecológico. El impacto medioambiental es inaceptable y el desastre económico que está provocando la lucha por el control de esta materia está a punto de generar un nuevo enfrentamiento internacional.

En Juan Llorens Grupo, pensamos que el diseñador tiene la clave para este problema. Una comunicación clara puede favorecer que los consumidores se conciencien de separar los residuos para reciclarlos y hacerles entender que muchos de esos envases no son basura. La mayoría de ellos los podemos transformar con imaginación en otros objetos, como cuando éramos pequeños y hacíamos de una lata de refresco un exclusivo portalápices. ¿Qué tiempos, eh?

Nuestra competencia en diseño nos hace reivindicar que no podemos utilizar un producto para envolver otro y, después, tirarlo. Las bolsas de papel Kraft son un buen ejemplo de reciclaje sostenible: las podemos usar varias veces pues nos encanta lucir la bolsa de nuestra marca favorita. Pero podemos ir un poco más allá (o atrás en el tiempo, si me permitís) y recordar la cantidad de vasos que había en nuestras casas gracias a nuestras merendolas de Nocilla.

Esto es packaging sostenible. Como consumidores, tenemos que concienciarnos de que, antes de «tirar a reciclar» un producto, tenemos que intentar transformarlo nosotros mismos.

Y damos una vuelta de tuerca más… ¿Por qué no fabricamos embalajes con hongos? Sí, no nos hemos vuelto locos. Resulta que se pueden formar masas compactas con idénticas propiedades al poliestireno expandido con el micelio de los hongos. No es tóxico para los humanos y es completamente biodegradable.

Visualmente, es poco atractivo, pero ese trabajo déjanoslo a nosotros… Síguenos en nuestra web o también en Facebook.

 

 

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